Este cambio obliga a las empresas que buscan exportar a prepararse más allá del producto. Ya no alcanza con producir y vender: también es necesario demostrar cómo se produce, qué controles se aplican, cuál es el origen de las materias primas y qué requisitos se cumplen.
En este escenario, la Cámara de Comercio Exterior y Servicios de Rosario organizó el 6 de agosto, en el marco de su 68.º aniversario, una jornada con la participación de los especialistas Adrián Grecco y Ricardo Viera, quienes analizaron las herramientas con las que cuentan las empresas para anticiparse a las exigencias de certificación de los mercados internacionales.
Europa: conocer primero los requisitos
La Unión Europea constituye uno de los mercados donde esta transformación resulta más evidente, especialmente ante las nuevas oportunidades que plantea el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea. Los requisitos de acceso dependen del tipo de producto y de la legislación aplicable, por lo que las empresas deben identificar previamente qué normas deben cumplir, qué documentación necesitan y qué procedimiento de evaluación de la conformidad corresponde.
Uno de los ejemplos abordados fue el marcado CE, utilizado en determinados productos para indicar el cumplimiento de los requisitos establecidos por la legislación europea. Según el producto, puede requerirse además la intervención de organismos notificados.
También se mencionaron normas como la ISO 13485, para sistemas de gestión de calidad aplicables a dispositivos médicos, y distintos estándares europeos vinculados con juguetes, protección ocular y aparatos eléctricos.
El punto central fue que no existe una única vía de certificación: cada empresa debe identificar los requisitos específicos aplicables a su producto.
Certificar antes de que llegue la exigencia
Los especialistas destacaron que buena parte del trabajo necesario para acceder al mercado europeo puede realizarse previamente en Argentina.
Preparar el sistema de gestión, la documentación técnica y los ensayos permite reducir tiempos y costos. Cuando existen laboratorios y organismos reconocidos dentro de los esquemas de acreditación correspondientes, determinados ensayos pueden realizarse localmente e incorporarse luego a la documentación del producto.
Una estrategia reactiva, en cambio, puede obligar a enviar muestras al exterior, repetir ensayos o contratar servicios adicionales.
Por eso, una de las recomendaciones centrales fue preparar el sistema antes de que aparezca la exigencia comercial.
En este marco, normas como ISO 9001, ISO 14001, ISO 45001 e ISO 13485 pueden integrarse para evitar duplicaciones y aprovechar procedimientos comunes.
La certificación deja así de ser solamente un documento y pasa a reflejar un sistema de gestión.
Trazabilidad: demostrar el origen
La trazabilidad fue otro de los grandes temas de la jornada. Los mercados internacionales están incrementando las exigencias sobre el origen de las materias primas, los proveedores y las condiciones de producción. En Europa, esta cuestión adquiere particular relevancia frente a los requisitos ambientales vinculados con determinadas materias primas y la deforestación.
Durante el encuentro se planteó el caso de una empresa que ya exportaba a Europa y comenzó a recibir nuevas exigencias sobre el origen de sus insumos. Según los expertos, el problema no estaba necesariamente en el producto, sino en la posibilidad de demostrar con información suficiente de dónde provenían las materias primas.
La situación muestra un cambio fundamental: «no basta con cumplir; hay que poder demostrar el cumplimiento».
La trazabilidad también obliga a trabajar con los proveedores, ya que parte de la información necesaria se encuentra fuera de la propia empresa.
Huella de carbono e inteligencia artificial
La huella de carbono fue otro de los temas destacados. Se trata de un indicador ambiental que permite medir las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas, de manera directa o indirecta, a una actividad, producto u organización. En este contexto, las empresas deberán prepararse para responder a requerimientos cada vez más precisos sobre las emisiones vinculadas con sus procesos y productos.
Esto implica comenzar a recopilar información sobre consumos energéticos, combustibles, producción y transporte. También se mencionaron exigencias ambientales vinculadas con envases, reciclabilidad y etiquetado.
Ante la creciente demanda de información y evidencia por parte de los mercados, la inteligencia artificial aparece como una herramienta para analizar datos, monitorear procesos, identificar desvíos y asistir en auditorías. Sin embargo, los especialistas remarcaron una condición fundamental: la inteligencia artificial necesita datos confiables y ordenados. Una empresa con procesos desarticulados o información dispersa difícilmente pueda aprovechar todo su potencial.
El costo de no estar preparado
La discusión sobre el costo de certificar llevó a otra cuestión: el costo de no estar preparado. Una exigencia inesperada puede obligar a repetir ensayos, enviar muestras al exterior, modificar procesos o afrontar auditorías extraordinarias. Incluso puede poner en riesgo una operación comercial.
La conclusión fue clara: certificar, generar información confiable y asegurar la trazabilidad ya no son solo requisitos, sino herramientas para competir en mercados cada vez más exigentes.
Un ejemplo es el Reglamento europeo sobre deforestación (EUDR): para las empresas medianas y grandes, sus principales obligaciones comenzarán a regir el 30 de diciembre de 2026. La exigencia de demostrar el origen de determinadas materias primas muestra que anticiparse ya no es una opción, sino una condición para exportar, según los expertos de Rosario.